Reflexión Evangelio san Lucas 4:16-30

Desde hoy la Iglesia comienza a meditar el Evangelio de san Lucas, y lo hará hasta el final del año litúrgico. Así las cosas, hoy en el pasaje evangélico (Lc 4:16-30), Jesús visita la sinagoga de Nazaret, se levanta para la lectura y le dan un escrito del profeta Isaías (61:1-2), donde está definida su misión, en estos términos: 1) Anunciar la Buena Nueva a los pobres; 2) Proclamar a los presos la liberación; 3) Devolver la vista a los ciegos y la libertad a los oprimidos; y, 4) Proclamar un año de gracia de parte del Señor. Terminada la lectura afirma: “¡Esta Escritura que acabáis de oír se ha cumplido hoy!”. La gente queda admirada pero al darse cuenta de quién es Jesús, el hijo de José, el carpintero, no les es posible entender que Él sea el Mesías anunciado por Isaías. Entonces Jesús les dijo: “Sin duda me recitaréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.” Y agrega, para ayudarlos a comprender que era el Profeta anunciado, el Mesías esperado, que ningún profeta es bien mirado en su tierra y les cuenta dos historias de la Sagrada Escritura bien conocidas pero con ello también critica la mente cerrada de la comunidad de Nazaret: Comienza diciendo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, solo a la viuda de Sarepta en Sidón (1 Re 17,7-16) y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, sólo fue curado el sirio Naamán (2 Reyes 5,14). Esto provoca mayor disgusto, al punto de quererlo matar. Solamente Jesús permite al ser humano reconciliarse con Dios y conocer su bondad pero sobre todo su mayor atributo: La Misericordia, de ahí que haya de aceptarlo en la vida como la Buena Nueva de la Salvación. Entonces, desde ya preparémonos para vivir ese Año de Gracia del Señor convocado por el Papa Francisco, el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, que iniciará el próximo 8 de diciembre, de tal forma que seamos muchos los que tengamos la gracia de contemplar, vivir y transmitir a los demás con la práctica, este que es el mayor atributo de Dios: su Misericordia.