Reflexión Evangelio según san Lucas 8:1-3

El Evangelio (Lc 8:1-3) muestra uno de los aspectos novedosos de la Buena Nueva de Dios, la actitud sorprendente de Jesús hacia las mujeres, pues en ese tiempo, la mujer vivía marginada, no participaba en la sinagoga, no podía ser testigo en la vida pública. Muchas mujeres, resistían tal exclusión. Ayer se veía como Jesús defiende a una mujer conocida como pecadora y hoy Jesús ca por los poblados y las ciudades de Galilea, acompañado no sólo por los Doce sino también por algunas mujeres que había curado de malos espíritus y enfermedades. Aquellas mujeres, aceptaron con mayor facilidad la Misericordia del Señor y eran leales a Jesús, incluso algunas de ellas, permanecieron a su lado hasta el Calvario, mientras solo Juan se quedó allí. Vale resaltar que nadie queda excluido del gran amor de Dios ni de su deseo de compartir su vida en forma personal e íntima. Además, como el Evangelio no ha llegado a toda la humanidad, se requiere del trabajo de hombres y mujeres dedicados al apostolado, al anuncio de la buena noticia de la salvación, que no es otra cosa sino ser vivo ejemplo de Jesús aquí y reflejarlo a los demás.