Reflexión Evangelio según san Lucas 8:4-15

En el Evangelio (Lc 8:4-15) Jesús presenta al gentío la parábola del Sembrador y luego se las explica a sus discípulos, afirmando que la semilla es la Palabra de Dios, y así analizarán su proceder, para dar un mejor fruto, luego de experimentar la vida y el amor de Dios que a diario Jesús les transmitía. Vale tener presente que Jesús es la Palabra de Dios encarnada y entregada para la redención de la humanidad. Véase, entonces, que la parábola, presenta cuatro categorías de oyentes, según la apertura y acogida en el corazón: 1) Los que escuchan la Palabra, viene el diablo y la roba de su corazón, no sea que crean y se salven; 2) Los que escuchan con alegría la Palabra, no tienen raíces, creen por algún tiempo pero a la hora de la prueba abandonan; 3) Los que oyen la Palabra pero las riquezas, los placeres y las preocupaciones de la vida la van sofocando y no llegan a madurarla dentro de sí; y, 4) Los que después de haber escuchado, conservan la Palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia. En síntesis, la parábola del Sembrador evoca tres aspectos que siguen al acto de creer, de forma activa y perseverante: el escuchar, el comprender y el llevar a dar fruto a la Palabra de Dios. ¿En cuál categoría me encuentro? Recuerda, se debe tener preparado el corazón, con nobleza y bondad, para que cuando el sembrador deje caer la semilla de la Palabra de Dios, se esté dispuesto a recibirla y nutrirse del poder que lleva dentro. ¡Señor Jesús, regálame la gracia de tener un gran deseo de recibir la Palabra de Dios a diario, para que me transforme en un vivo reflejo de ti!