Reflexión del Evangelio según san Lucas 2:22-35

Reflexión del Evangelio según san Lucas 2:22-35

El Evangelio (Lc 2:22-35) nos sitúa en la Presentación del Niño Jesús en el Templo, ocurrida luego de cumplirse los días de la purificación de María (40 días después del parto, según la Ley de Moisés). María y José llevan a Jesús a Jerusalén a presentárselo al Señor y al entrar en el Templo se encuentran con los ancianos Simeon y Ana. Es de resaltar que María y José cumplen todo lo prescrito por la Ley, en palabras de san Pablo a los Gálatas (Gal 4,4-5), el Hijo de Dios se somete a la Ley para rescatar a quienes estaban sometidos a la Ley, para que fuesen adoptados como hijos de Dios. Simeon iluminado por el Espíritu de Dios ora así: “Ahora, Señor, puedes, según tu promesa, pues dejar que tu siervo irse en paz; porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.” Y agrega a María, su madre: “Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción – ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! – a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.” Simeón enseña: 1) La docilidad a la acción del Espíritu Santo, pues actuó guiado por Él; y, 2) La práctica de la virtud de la esperanza en Dios, que nunca debe perderse, pues aunque se demore, Dios siempre actuará, obvio a su manera, ya que Simeon esperaba al Mesías glorioso de Israel pero Él llegó al Templo, con una pareja pobre de Nazaret. Lo que permite señalar que Cristo actúa de manera muy natural y por ende, se debe buscar en lo cotidiano de la vida, pues ese es su hábitat; sin embargo, el ser humano que espera cosas extraordinarias de Dios, deja pasar las oportunidades de entrar en contacto con su Creador, quien siempre lo invita a abandonarse y a confiar plenamente en Él, con un corazón contrito y humillado. Es más, la vocación del creyente en Cristo es la misma que su Maestro y por eso, debe participar de la luz de aquel que es la Luz, meditando diariamente en lo vivido en estos días de Navidad: Vida, Nacimiento, Pasión, Dolor, Cruz, Muerte, Redención, Salvación y Vida Eterna, pues Cristo es el origen y culmen de todo ello y a Él se debe acudir con fe: ¡Jesús, en Tí confío!

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