Reflexión del Evangelio según san Lucas 5:12-16

Reflexión del Evangelio según san Lucas 5:12-16

En el Evangelio (Lc 5:12-16) un leproso se acerca a Jesús y le dice: “Señor si quieres, puedes limpiarme”, o en otras palabras: ¡No necesitas tocarme, basta con que quieras y seré sanado! Los enfermos de lepra eran excluidos y debían vivir alejados de los demás, pues eran considerados impuros y quien entrara en contacto con ellos también quedaba impuro. Razón por la cual, los leprosos no podían acercarse a los demás so pena de infringir la Ley. El pedido del leproso revela dos enfermedades: La lepra pero también la soledad a la cual estaba condenado por la sociedad y la religión. También revela una gran fe de este hombre en el poder de Jesús. Profundamente compadecido, Jesús cura las dos enfermedades: 1) Para curar la soledad, toca al leproso. No sigue las normas de su religión, como si dijera: “Para mí, tú no eres un excluido. ¡Yo te acojo como hermano¡”, esto es, da cercanía y con ello práctica la inclusión; y 2) Cura la lepra diciendo: ¡Lo quiero, queda limpio! Al instante el leproso quedó curado pero Jesús le dijo que no se lo contara a nadie y se presentara ante el sacerdote, hiciera su ofrenda de purificación, según el precepto de Moisés para que sirviera de testimonio. Busca así, que la persona curada pueda convivir en sociedad, sea reintegrada. La fama de Jesús se extendía cada vez más y una multitud afluía para oírle y ser curados de sus males y enfermedades pero Él se retiraba a los lugares solitarios para orar. Vale exponer que en el sacramento de la Eucaristía se encuentra todo el poder de Jesús para sanar al ser humano cuando lo pide con fe. Ahora bien, esta escena demuestra como Jesús puso en marcha el programa de la liberación humana de la que se habló en el Evangelio de ayer, conforme el texto del profeta Isaías 61:1-4 y es así como va llegando el Reino de Dios. La curación de Jesús al leproso, es la historia diaria de salvación de la humanidad, donde se incorporan la Voluntad y la Misericordia de Dios para sanarnos y purificarnos del mal que desfigura y arruina nuestras relaciones, esto es el pecado pero donde Dios requiere de la actitud humilde, respetuosa y sobre todo de plena confianza en Él: ¡Jesús, en Ti confío!