Reflexión sobre el Jueves Santo

Reflexión sobre el Jueves Santo

El Jueves Santo se conmemoran tres acontecimientos: a) La Institución de la Eucaristía: El milagro más grande del Amor de Jesús, quien ofreció su Cuerpo y su Sangre como alimento de salvación para alcanzar la Vida Eterna; por esto en la Última Cena tomó pan y vino, y después de hacer la acción de gracias, lo bendijo, lo partió y se lo dio a sus discípulos; b) La Institución del Sacerdocio: Jesús quiso que algunos hombres, llamados actualmente sacerdotes o presbíteros, pudieran hacer en memoria suya lo que Él hizo y continuaran de esta forma su misión. En este día, de forma especial ha de orarse para impetrar la Misericordia Divina para los sacerdotes o presbíteros, con el fin que alcancen la Vida Eterna y su santificación; y, c) El Mandamiento del Amor: Con el Lavatorio de los pies, Jesús enseña a servir con amor, humildad y de corazón a los demás. En la Santa Misa vespertina “en la Cena del Señor”, comienza la celebración del Triduo Pascual (La Pasión, la Muerte y la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo), centro de la fe cristiana. Por eso, el Evangelio (Jn 13:1-15) tiene como punto central el mandamiento del amor, signo supremo del amor de Jesús por cada hombre; por ende, entregándose como siervo humilde ante sus discípulos les lava los pies, antes del punto máximo de su amor en la Cruz, en la Hora de la Redención. De ahí que la única opción de todo cristiano es amar y servir a los demás como Jesús lo hizo. La invitación es a participar de forma activa en la celebración litúrgica y al terminar, acompañar a Jesús, quien fue al Huerto de los Olivos a orar al Padre para reafirmar que aceptaba se cumpliera su Voluntad, a pesar de la tristeza, la amargura, la terrible angustia y la mortal agonía experimentada, en oración ante el Monumento, dándole gracias por su entrega generosa, quedarse siempre en la Eucaristía, implorar su Gracia para que todas las potencias o facultades del alma (Inteligencia, Voluntad, Libertad y Conciencia) se encaminen a hacer sólo la Voluntad del Padre, y que la sangre y el agua que brotaron del costado abierto de Jesús, rieguen y fortifiquen la pequeñez, la miseria y la fragilidad del alma de cada uno, con el fin que se adentre progresivamente a vivir, contemplar, experimentar y asumir el Misterio Pascual de Cristo en la vida para poder dar la misma respuesta amorosa y servicial, y de esa manera ser misericordiosos con los demás. ¡Jesús, en Ti confío!