Reflexión sobre el Viernes Santo

Reflexión sobre el Viernes Santo

En este día, Viernes Santo, en que “ha sido inmolada la nueva víctima Pascual: Cristo”, la Iglesia invita a poner toda la atención en la entrega amorosa y hasta el extremo de Jesús. De ahí que se medite de manera especial en la Pasión de Jesús, caminando con Él desde la prisión, los interrogatorios ante Herodes y Pilato, la flagelación, la coronación de espinas, la vía dolorosa hasta el Gólgota y la crucifixión. El Evangelio del día es la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan (18:1-19:42), donde aparece una curiosa pregunta que hace Pilato a Jesús: ¿Qué es la verdad?, a la cual no espero respuesta alguna pero que ya Jesús en muchos pasajes evangélicos había respondido al decir que Él era la Verdad. Es una oportunidad para que en abstinencia, ayuno y oración, cada uno se una al tormento doloroso vivido por Jesús al cargar con todo el pecado de la humanidad, en especial, el amor propio desordenado, el egoísmo y el orgullo, de donde se desprende la mentira, la injusticia, la blasfemia, la hechicería y el satanismo, los pecados capitales, la negación de Dios, la opción por el mal. En suma, la desobediencia a la Voluntad de Dios. Y en unión a la Dolorosa Pasión de Jesús, reparemos por todos los ultrajes y dolores que, a diario, la humanidad vuelva a someter a Jesús e impetremos toda la Gracia que brota de la herida abierta del Corazón de Jesús, en especial, la Misericordia Divina, supremo atributo de Dios, fuente que brota del misterio de la Santísima Trinidad, que nos acompaña en cada momento de nuestra vida, que nos protege del fuego infernal, que nos rescata de toda miseria, que asiste en la conversión de los pecadores empedernidos y que infunde esperanza, perdida ya toda esperanza. ¡Jesús, en Ti confío!