Reflexión sobre el Sábado Santo

Reflexión sobre el Sábado Santo

El Sábado Santo recuerda el día que pasó Jesús en la muerte para luego resucitar pero el silencio y la soledad que invadió la tierra fue inmensa. De ahí que sea un día para vivir en el silencio y la reflexión, pues Cristo ha muerto con ocasión de los pecados que cada uno comete a diario y se está en permanente Eucaristía, la celebrada el Jueves Santo en la Cena del Señor y por ello, hoy tampoco se celebra la Santa Misa. En este día ha de volverse la mirada a María Santísima, la Virgen Inmaculada, Madre de Dios y nuestra Dulcísima Madre, quien a pesar de los dolores acaecidos por la pérdida de su hijo Jesús, con fe, esperanza, amor y en actitud orante se sostuvo para atravesar la penosa prueba, a tal punto que expectante y confiada esperó la Resurrección de su Hijo. Ha de imitarse a María Santísima, para estar con fe, esperanza y amor en oración, dándole infinitas gracias a Dios, Rico en Misericordia, quien, en silencio, espera la respuesta del ser humano para que definitivamente acepte y acoja su Palabra: Jesús, quien en la Vigilia Pascual quiere sanar todas y cada una de las heridas causadas por el pecado en mi alma, a través de las llagas que cada uno de nosotros causó en su Dolorosa Pasión y que quedaron marcadas en su cuerpo glorioso y resucitado, en especial la herida abierta del Corazón de donde mana la Misericordia Divina, en forma especial para todos nosotros los pobres pecadores. Así las cosas, en esta Noche Santa se llevará a cabo la Vigilia Pascual, donde se celebra la Resurrección de Jesús, la cual tiene abundantes signos y está dividida en 4 partes: a) Liturgia de la Luz: Se bendice el fuego nuevo y se hace la entrada triunfante del Cirio Pascual, signo de Jesús Resucitado que viene a inundar de luz, amor y paz las almas de cada ser humano, su templo espiritual, e igualmente el templo material que es su Iglesia. Se termina con la entonación del Pregón Pascual, bella oración que recuerda las alianzas hechas por Dios con la humanidad; b) Liturgia de la Palabra: Es densa y extensa pero con una riqueza inmensa. Se hace un recorrido por la historia de la salvación de la humanidad, para terminar recordándonos que a Jesús no hay que buscarlo entre los muertos, pues ha resucitado, y como Pedro debemos admirarnos por lo sucedido (Lc 24,1-12), pues Cristo ha vencido sus 3 enemigos: La muerte, el pecado y al Demonio, y esa Gracia no queda infecunda en la medida que yo abra el interior de mi ser, con un gran recipiente de confianza, a la potencia salvífica de Cristo, así el pecado no vencerá en mí, el Demonio no reinará en mi vida y la muerte eterna no será el destino último sino me configuro con Cristo en la medida que me apropie de los méritos en su Misterio Pascual (La Pasión, la Muerte y la Resurrección); c) Liturgia Bautismal: Por el Bautismo se recibe la gracia de unirse al Misterio Pascual de Jesús. Por ello, es viable celebrar y renovar los compromisos bautismales, para ser bañados con la fuente de la Vida: Jesús, quien nos ayuda a renunciar al pecado e incluso a rechazarlo totalmente para profesar y vivir de plenamente las virtudes teologales (Fe, Esperanza y Caridad); y finalmente, d) Liturgia Eucarística: Donde se nos invita a compartir en la mesa eucarística, el mayor regalo de Jesús hacia la humanidad: la Eucaristía, Banquete Sagrado donde se comulga con su Cuerpo y su Sangre, y es fuente inagotable de vida y salvación para la humanidad, pues nos aparta del pecado y revitaliza nuestra vida, que diariamente se tiende a debilitar. Así las cosas, la invitación entonces, es a orar con María durante el día y a vivir ésta Noche Gloriosa, en oración y con gran júbilo, pues Dios Padre envió a su Hijo Jesús no sólo para que restaurara nuestra amistad con Él sino que por su entrega amorosa en la Cruz nos rescatara del pecado, la muerte y el Demonio, para hacernos hijos de Dios, por el actuar redentor del Espíritu Santo. ¡Jesús, en Tí confío!