Reflexión del Evangelio según san Mateo 10:7-15

Reflexión del Evangelio según san Mateo 10:7-15

El Evangelio (Mt 10:7-15) relata que Jesús dice a los Doce: “Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento. En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis. Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros. Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, salid de la casa o de la ciudad aquella sacudiendo el polvo de vuestros pies. Yo os aseguro: el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad.” Se presenta la segunda parte del Sermón de la Misión, arranca con el envío de los apóstoles y aunque en la primera parte Jesús insta a dirigirse primero a las ovejas perdidas de Israel, hoy propone instrucciones concretas de cómo realizar la Misión, es el estilo de vida como se debe proclamar o transmitir el anuncio del Reino de los Cielos: 1) El objetivo de la Misión es revelar la proximidad del Reino del Cielo, en otras palabras, manifestar que ya ha llegado y está en medio de la humanidad. Novedad traída por Jesús, por pura gratuidad de Dios y no como fruto o resultado del esfuerzo de ningún ser humano o del cumplimiento de la Ley; 2) Para anunciar la presencia del Reino de Dios, se deben realizar gestos concretos, pues todo ha sido recibido gratis, por tanto se debe proclamar el mensaje y ejercer el don de sanción; en sí, acoger de nuevo en la comunidad a todos aquellos que hayan sido excluidos de ella; 3) No llevar nada para el camino, pues el obrero merece su sustento. Quien sirve de propagar el Evangelio tiene derecho a vivir de este servicio y por ende, debe confiar plenamente en la hospitalidad de la gente. De forma tal que debe ir sin nada, mejor dicho, su equipaje consta solamente de la Palabra de Dios que debe transmitir y además la paz, ambas dadas por Dios; 4) Compartir esa paz en la comunidad. Los apóstoles no deben andar de casa en casa sino procurar ir a donde haya personas de paz y permanecer en esas casas. Esto es, convivir de forma estable; 5) Si no se reciben o escuchan las palabras de los apóstoles en alguna casa, el apóstol debe sacudirse el polvo de los pies y salir de allí, toda vez que rechazar la misión o al misionero es rechazar a Jesús y conlleva consecuencias nefastas para el día del juicio final. Así las cosas, anunciar el Reino no consiste, en enseñar verdades y doctrinas sino en tratar de vivir de forma nueva y fraterna; por eso, compartir la Buena Nueva que Jesús trajo, que no es otra cosa que Dios es Padre, y los seres humanos somos todos sus hijos, esto es hermanos por la redención de Cristo Jesús. Entonces, el amor recibido del Señor, mueve a no guardar para sí el don recibido sino a compartirlo con los demás, pues todos los seres humanos son llamados a la salvación. De ahí que el llamado para todos los discípulos de Jesús es ha difundir el Reino de Dios en el mundo; esa es la misión y la razón del ser cristiano. En otras palabras, ser reflejo de Cristo con el testimonio de vida y haciendo obras totalmente colmadas de Misericordia. ¡Jesús, en Ti confío!