Reflexión del Evangelio según san Lucas 11:1-13

Reflexión del Evangelio según san Lucas 11:1-13

En el Evangelio (Lc 11:1-13) a petición de un discípulo, Jesús enseña la oración del Padre Nuestro, que encierra siete preces e inicia con la forma de dirigirse a Dios: “¡Padre Nuestro, que estás en el cielo!” Abba, Padre, así se toma consciencia que la humanidad entera es una sola familia, pues todos los seres humanos somos hijos de Dios. Luego viene una primera parte que consta de tres peticiones por la causa de Dios y ayuda a restaurar nuestra relación con Él, pidiendo así: a) “Santificado sea tu Nombre”: Es la santificación del Nombre revelado por Dios; b) “Venga a nosotros tu Reino»: Es la solicitud de la venida del Reino que fuera implantado por Jesús; y, c) “Hágase tu Voluntad así en la Tierra, como en el Cielo»: Es el cumplimiento de la Voluntad de Dios, revelada en la Ley y cuya plenitud fue enseñada por Jesús. La Voluntad Divina está en el centro de la Alianza y es el Amor y la Misericordia mismos. Así las cosas, esta relación renovada con Dios se hace visible en cada uno y a su vez, conlleva otras cuatro peticiones más, en la segunda parte de la oración del Padre Nuestro pero esta vez por la causa de los demás, los hermanos, pidiendo restaurar y renovar la relación con ellos: d) “Danos hoy nuestro pan de cada día»: Se comienza con implorarle que Dios dé el pan de cada día, en señal de confianza en la Providencia Divina; e) “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”: El perdón de las deudas, pues todos somos iguales ante Dios pero el Único que da el perdón es Jesús, siempre y cuando si uno haya perdonado al hermano que le adeuda; f) “No nos dejes caer en tentación”: Esta plegaria es pedir que se pueda imitar a Jesús, quien aunque tentado, resistió y venció; y, g) “Y líbranos de todo Mal» La liberación del Mal, esto es de las obras del Diablo o Satanás, que busca desviar a los hombres para que no sigan libremente el rumbo del Reino de Dios indicado por Jesús. Razones más que suficientes para no perder nunca la oportunidad de recitar a diario el Padre Nuestro con el corazón. En seguida revela que la oración debe hacerse con fe, insistencia y sin desfallecer; para ello expone que sí un amigo acude a medianoche a uno para que le preste tres panes, porque le llegó un amigo de viaje y no tiene que ofrecerle, no se le responderá que no moleste, ya se tiene la puerta cerrada y se está acostado. Asegura que si uno no se levanta a dárselos por ser su amigo, se levantará para que deje de molestar y le dará cuanto necesite. Con esto enseña Jesús que Dios siempre atiende nuestra oración y da unas aplicaciones concretas para la vida: 1) “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, le abrirán”. Da esas condiciones pero no dice cuánto tiempo va a durar el pedido, la búsqueda o el llamado, lo cierto es que siempre se va a obtener un resultado; 2) “¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión?” Algo muy práctico y conocido por todos y donde las respuestas siempre son negativas, con lo cual compromete el mensaje de la parábola; por eso, finaliza diciendo que si uno que es malo da cosas buenas a sus hijos, cuanto más el Padre del Cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan y es que la Gracia Divina que requiere el ser humano para ser asistido en todo momento es regalo que Dios da a quien se lo pide; de ahí la necesidad de orar sin cesar, ese diálogo continuo con Dios, como lo hacía Jesús, con perseverancia y constancia, pero teniendo claro que la oración cristiana tiene algo esencial: «Siempre está unida a la oración de Cristo», única forma para comprender como cumplir la Voluntad de Dios. Finalmente, vale señalar que en la cima de la oración de la Iglesia está la Eucaristía, como punto de partida y llegada, por ende, es la oración por excelencia que se le puede ofrecer a Dios. ¡Jesús, en Ti confío!