Reflexión del Evangelio según san Mateo 1:1-16.18-23

Reflexión del Evangelio según san Mateo 1:1-16.18-23

La Iglesia celebra la Natividad de la Virgen María, Madre de Jesús. El Evangelio (Mt 1:1-16.18-23) comienza describiendo la genealogía terrenal de Jesús, esto es, el listado de nombres de sus antepasados, dividida en tres grupos cada uno de de catorce generaciones: 1) Desde Abrahán hasta David; 2) Desde David hasta la deportación a Babilonia; y, 3) Desde la deportación a Babilonia hasta Cristo. Dentro de tal listado, aparece el nombre de 5 mujeres. Las primeras 4 de ellas, todas extranjeras al pueblo de Israel: Tamar (Cananea), Raab (Cananea), Betsabé (Hitita) y Rut (Moabita), quienes concibieron a sus hijos fuera de los patrones normales de comportamiento de la época; por ende, puede manifestarse que no satisfacían las exigencias de las leyes de la pureza del tiempo de Jesús pero sus iniciativas poco convencionales dieron continuidad al linaje humano de Jesús, quien traerá la salvación de Dios para toda la humanidad. Para finalizar la Virgen María (Judía), en quien no existe irregularidad alguna, con lo cual se demuestra no sólo el actuar sorprendente y el pensamiento muy diferente de Dios sino también responde a la pregunta: ¿Quién es Jesús?, su identidad con la naturaleza humana y cómo actúa Dios para cumplir en Aquel su promesa de salvación. Al final de este pasaje narra como se ocurrió la concepción de Jesús, cuyo origen es divino, pues expone con toda claridad que el embarazo de María no se debe a su relación con san José sino a la obra del Espíritu Santo en ella; sin embargo, José el padre putativo de Jesús, hombre justo, bueno, fiel a Dios y en quien prima la ley del Amor sobre cualquier otra, decide repudiar a María en secreto, esto es no lo hace público pero en ese momento se le aparece un ángel en sueños, quien le dice que tome a María como esposa, porque ha engendrado por obra del Espíritu Santo, dará a luz un hijo y deberá ponerle por nombre Jesús, ya que salvará a su pueblo de los pecados. Así las cosas, se ve la estrecha relación entre el nacimiento de Jesús y el de María, pues por encima de cualquier ser humano, María fue el vaso escogido por Dios, quien de antemano lo conoció, predestinó, llamó, justificó y glorificó (Rm 8:29-30); es decir que fue destinada y preparada, incluso desde antes de nacer para concebir al Hijo de Dios, el Inmaculado, el Cordero sin mancha y por ello también fue engendrada Inmaculada, por los méritos de la Pasión y Muerte de Aquel que iba a concebir. María tiene un decisivo e impresionante rol por su Sí o Fiat en el proyecto de Dios; y es así como se develan en su vida las virtudes teologales así: Su amor y cuidados hacia el Dios hecho hombre: Jesús, su fe en Dios quien puso su mirada en ella y finalmente, su esperanza, encarna las esperanzas de toda la humanidad. ¡Jesús, en Ti confío!