Reflexión del Evangelio según san Marcos 3:1-6

Reflexión del Evangelio según san Marcos 3:1-6

El Evangelio (Mc 3:1-6) expone que Jesús: «Entró de nuevo en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Dice al hombre que tenía la mano seca: “Levántate ahí en medio.” Y les dice: “¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?” Pero ellos callaban. Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: “Extiende la mano.” Él la extendió y quedó restablecida su mano. En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra él para ver cómo eliminarle.» Se reitera que uno de los conflictos de las autoridades judías con Jesús era sobre la Ley del Sábado, pues la ley judía consideraba que el día sábado era para reunirse a escuchar y meditar la Palabra de Dios, orar juntos y compartir su fe, sus problemas y su esperanza pero no podían hacer nada más (Ex 20:8-11). La preocupación de los adversarios del Señor no era el celo por la ley sino poder ver si Jesús cura en sábado y así encontrar de que acusarlo para eliminarlo, pies el tercer mandamiento de la Ley de Dios es “Santificar las fiestas”; de ahí que los judíos disponen “santificar el sábado”; por ende, estaba prohibido trabajar en ese día; y según los fariseos curar a un enfermo era los mismo que trabajar y por esos, enseñaban: ¡Está prohibido curar en día de sábado! Luego en sábado era prohibido curar a un enfermo, colocándose la ley por encima del bienestar de las personas. Así las cosas, Jesús dice al hombre que tenía la mano seca: “Levántate ahí en medio.” La palabra “levántate” es usada para significar “resucitar”; mejor dicho el discapacitado debe “resucitar”, levantarse, ponerse en medio y ocupar su lugar en el centro de la comunidad. En otras palabras, los marginados, los excluidos deben ponerse en medio, ser incluidos y acogidos, estar junto con todos los demás. Jesús llama al excluido para que se ponga en medio; y, les hace una pregunta a los presentes, que los deja sin respuesta, al interrogarles: “¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?” Había podido preguntar: ”En día de sábado está permitido curar: ¿sí o no?” Y todos hubiesen respondido: “¡No está permitido!” Pero como para Jesús, en aquel caso concreto, “curar” era lo mismo que “hacer el bien” o “salvar una vida”, y “no curar” era lo mismo que “hacer el mal” o “matar una vida”, con esa pregunta pone el dedo en la llaga; al poner de manifiesto que prohibir curar en día de sábado conlleva un sistema de muerte. Sabia pregunta que deja a sus adversarios sin respuesta. Ante la dura actitud de sus opositores, Jesús reacciona con indignación y manda al hombre a que extienda la mano y le queda curada, esto es, sana a la persona. Con lo cual demuestra no estar de acuerdo con el sistema que ponía la ley por encima de la vida y que para Él lo importante es la vida de las personas no el formalismo de la ley. Nótese que al dar cabal cumplimiento a la Voluntad de Dios, que es el Amor y la Misericordia mismos, la Gracia de Dios fluye para los demás. En suma, al renunciar al control de la vida para cederle el dominio de ella a Dios, aflora un cristiano auténtico que vive un amor abierto a Dios y a los demás. En el fondo, la religión no puede convertirse en un listado de deberes y prohibiciones, por cuanto que, todo mandamiento ofrece un bien concreto, una manera específica de amar. Es por ello, que el cristiano debe ser consciente que al hacer la elección por cumplir la Voluntad de Dios, impresa en la Ley, es un motivo para Amar a Dios y a los demás y practicar la Misericordia con sus hermanos. Por ello, santa Faustina afirma: “En la meditación fundamental sobre el objetivo, es decir, sobre la elección del amor. El alma tiene que amar, tiene la necesidad de amar; el alma tiene que volcar su amor, pero no en el barro, ni en el vacío, sino en Dios. Cuanto me alegro meditándolo, ya que siento claramente que en mi corazón esta solamente Él, únicamente Jesús mismo; y amo a las criaturas tanto cuanto me ayudan a unirme a Dios. Amo a todos los hombres porque veo en ellos la imagen de Dios.” Num. 373 DSF ¡Jesús, en Ti confío!