Reflexión el Evangelio según san Juan 17:1-11a

Reflexión el Evangelio según san Juan 17:1-11a

El Evangelio (Jn 17:1-11a) refiere: «Así habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: “Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar. Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra. Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado. Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti.”» Estas palabras son un aparte dirigidas por Jesús a Dios Padre en el momento de su despedida en la Última Cena, aquel testamento de Jesús, en forma de plegaria y que se conoce como la Oración Sacerdotal (Jn 17:1-26). Este capítulo es un texto diferente, más de razonamientos, revela la relación íntima entre Dios Padre y Dios Hijo pero para captar todo su sentido, no basta la reflexión razonada sino que además de la lectura y la meditación, se debe acoger en el alma. Por esto, hay que hacer silencio interior para escuchar a Jesús que habla y transmite su mayor preocupación, su última voluntad y en oración no sólo abre sus brazos sino todo su interior, pues su mirada abarca no sólo a los discípulos ahí presentes sino que atraviesa los siglos de la historia, abrazando a todos los que escuchen, acojan y vivan su Palabra en cualquier lugar y tiempo. Entonces, ahora si luego de releerlas de esta manera, se puede encontrar que afloran los sentimientos y las preocupaciones que, según el Evangelista san Juan, estaban en Jesús en esos momentos de salir de este mundo hacia el Padre. Jesús está ante el Padre con estos sentimientos y esta preocupación, intercediendo por toda la humanidad. Por esto, la Oración Sacerdotal es también el Testamento de Jesús. Jesús es consciente que ¡Ha llegado la hora!; esto es, la hora esperada de la Glorificación que se hará a través de su Pasión, Muerte y Resurrección pero reconociendo que en toda su vida, en lo más íntimo de su corazón y profundo de su alma siempre ha estado la presencia del Padre en su vida. De ahí que Jesús anhela que reconozcan que viene del Padre, pues se ve, y así lo es, como la manifestación del Padre, luego su vida tiene como finalidad revelar la bondad, el amor y la misericordia De Dios. Máxime que todo lo de Jesús es del Padre y todo lo del Padre es de Jesús; sin embargo, su preocupación al dejar el mundo son sus amigos y por eso reza por ellos, quienes continúan en el mundo pero no son del mundo sino de Jesús, de Dios, ratio es son señales de Dios y de Jesús, aunque es consciente del embate del mundo. Razón por la cual, todo discípulo de Jesús debe mantener con Jesús, esa misma relación que Él mantenía con Dios Padre, para así cumplir la Voluntad de Dios, siendo reflejo de su Bondad, Amor y Misericordia en este mundo y luego regresar a la Casa del Padre. Al respecto, santa Faustina afirma: “(…) + La fiel sumisión a la Voluntad de Dios siempre y en todas partes, en todos los casos y todas las circunstancias de la vida, da a Dios una gran gloria; tal sumisión a la Voluntad de Dios, a sus ojos tiene un valor mayor que largos ayunos, mortificaciones, y las mas severas penitencias. Oh, qué grande es la recompensa por un solo acto de amorosa sumisión a la Voluntad de Dios. Mientras lo escribo mi alma cae en éxtasis, ¡cuanto Dios la ama y de cuanta paz goza el alma ya aquí en la tierra! + (153) JMJ Cracovia – 1936 Oh voluntad de Dios, sé mi amor.” Num. 724 DSF ¡Jesús, en Ti confío!

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