Reflexión del Evangelio según San Marcos 10:17-30

Reflexión del Evangelio según San Marcos 10:17-30

El Evangelio (Mc 10:17-30) trae tres situaciones unidas entre sí: 1) La historia del hombre rico que se presenta a Jesús y le dice: “Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?” Él le responde: “¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: …” El hombre dice: “Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud.” Cristo fijando su mirada en él, le amó; esto es, sintió compasión y le replica: “Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme.” Pero él, abatido por esas palabras, se marchó triste, pues tenía muchos bienes. En su respuesta Jesús aleja la atención sobre si mismo y apunta hacia Dios, pues le importa cumplir la Voluntad del Padre y revelar su proyecto para el ser humano, quien debe amar a su par, como camino para llegar a la Vida Eterna, por eso Jesús sólo le habló de los mandamientos frente el actuar hacia el otro pero el hombre rico no sabía el para qué cumplía esos mandamientos, pues su cumplimiento prepara a la persona para que pueda llegar a la donación total de sí como prójimo del otro. De ahí el pedido amoroso de Jesús para alejarse de la riqueza y no poner la seguridad en ella sino en Dios; 2) Por eso, Jesús hace una llamada a sus discípulos sobre el peligro de la riqueza, y les dice: “¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!” Ellos quedan sorprendidos al oírle pero Jesús toma de nuevo la palabra y agrega: “¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que un rico entre en el Reino de Dios.” Ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: “Y ¿quién se podrá salvar?” Jesús les réplica: “Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios.” Esto devela que cuando la riqueza o el deseo de la riqueza ocupan el corazón y es itinerario de vida, la persona deja de percibir el sentido del Evangelio y ¡Sólo Dios puede ayudar! a superarlo; y, 3) Para finalizar, Pedro le reclama a Jesús que ellos han dejado todo y le han seguido, quien le replica: “Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora, al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna.“ Deja en claro así, que no se debe esperar ninguna ventaja, ninguna seguridad, ninguna promoción por seguir a Jesús. Eso sí, uno recibirá el ciento por uno con persecuciones en esta vida y luego de la muerte, la Vida Eterna.