Reflexión del Evangelio según san Lucas 3:1-6

Reflexión del Evangelio según san Lucas 3:1-6

El Evangelio (Lc 3:1-6) comienza dando el contexto histórico de la acción de Juan, el Bautista, hijo de Zacarías e Isabel, prima de María Santísima. Zacarías, una vez nació Juan, el Bautista, por acción del Espíritu Santo, profetizó que él sería llamado profeta del Altísimo e iría delante de Señor para preparar sus caminos y daría al pueblo el conocimiento de la salvación por el perdón de sus pecados, que sale desde las entrañas de Misericordia de Dios e hicieron que nos visitara la Luz desde la altura (Lc 1:76-78). Así las cosas, el protagonista del Evangelio siempre es la Palabra de Dios: Jesús, el Verbo encarnado para la Redención y la Reconciliación del ser humano con su Dios, base de la fe cristiana pero en el Adviento hace la aparición de un personaje típico de este tiempo litúrgico: Juan, el Bautista sobre quién viene la Palabra de Dios cuando se encontraba en el desierto y se va por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Así se cumple la profecía de Isaías: “Voz del que clama en el desierto: Preparar el camino del Señor, enderezad sus sendas, todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos. Y todos verán la salvación de Dios.” (Is 40:3-5). El llamado que hace hoy Jesús es ir a contracorriente del común, eso es la conversión, ese arrepentimiento de los pecados y correlativamente el buscar el perdón en el Tribunal de la Misericordia o lugar del sacramento de la Reconciliación, donde acontecen los verdaderos y más grandes milagros. Esa es la mejor preparación que sé puede hacer para que Jesús nazca en el corazón: ¡Jesús, en Tí confío! Y con Él alcanzar la salvación eterna.