Reflexión del Evangelio según san Marcos 4:21-30

Reflexión del Evangelio según san Marcos 4:21-30

El Evangelio (Lc 4:21-30) narra que después de leer el pasaje del profeta Isaías (61:1-2) por parte de Jesús en su visita a la sinagoga de Nazaret, Él mismo actualiza el texto y a sabiendas que esa es su misión lo enlaza con Él diciendo: “Hoy se cumplen estas profecías que acaban de escuchar”. Por esta razón, quienes lo escuchan dan su aprobación, pues se admiran del lenguaje empleado de Misericordia pero se preguntan: “¿Acaso no es éste el hijo de José?” Entonces les dijo: “Seguramente me vais a decir el refrán: Médico, cúrate a ti mismo. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaún, hazlo también aquí en tu patria.” Y les
añadió que en tiempos del profeta Elías eran muchas las viudas en Israel pero cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses y hubo gran hambre, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda, en tierra extranjera de Sarepta, de Sidón (1 Re 17:7-16) y que en tiempos del profeta Eliseo eran muchos los leprosos en Israel pero ninguno de ellos fue purificado por Eliseo, quien se ocupó de Naamán, del país de Siria (2 Re 5:14). Al oírlo, los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira, se levantaron y lo arrojaron fuera de la ciudad, llevándolo a un alto escarpado del monte sobre el cual está edificada la ciudad para despeñarle pero Jesús se abrió paso entre ellos y se marchó. Nótese que Jesús acaba de definir su Misión redentora y salvadora ante la gente de Nazaret, quien se admira por un instante pero al darse cuenta de quién es Jesús, no entienden como posible que sea el Mesías anunciado por Isaías, pues no conciben que Dios actúe a través de personas comunes y eso también muchas veces sucede en nosotros. Por eso, Jesús crítica la actitud de su auditorio, señalando que están por decirle médico cúrate a ti mismo y agrega que ningún profeta es bien visto en su tierra; y para ayudar a comprender que es el Profeta anunciado, el Mesías esperado, Jesús cuenta dos historias de la Biblia bien conocidas: la viuda de Sarepta y el leproso Naamán de Siria, pretendiendo abrir la mente de la comunidad de Nazaret al Anuncio del Año de Gracia y que con ello comprendan que la acción redentora y salvífica del Reino de Dios es para toda la humanidad, no sólo para el pueblo de Israel pero ello provoca mayor disgusto, al punto que desean matarlo, lo llevan a un monte para despeñarlo pero con autoridad Él se abre paso entre ellos y se marcha. Ojo porque sucede lo mismo con muchos de nosotros cristianos que creemos tener una mentalidad de ser mejores que los otros y por ello nos deben imitarnos para alcanzar la salvación pero la realidad es que sólo Dios es el Único que tiene la autoridad para hacerlo y con su Misericordia infinita acoge a todos e invita a la humanidad a imitarlo en la persona de Jesús, el Verbo Encarnado y hacer como Él la Voluntad del Padre. ¡Jesús, en Ti confío!