Reflexión del Evangelio según san Lucas 9:18-22

Reflexión del Evangelio según san Lucas 9:18-22

Celebra la Iglesia la memoria de san Pío de Pietrelcina, presbítero. El Evangelio (Lc 9:18-22) relata que estando Jesús orando a solas, en compañía de los discípulos, les pregunta: ”¿Quién dice la gente que soy yo?” Ellos le respondieron: “Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que un profeta de los antiguos ha resucitado.” Les replica: ”Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” Pedro le contesta: “El Cristo de Dios” Entonces, les manda enérgicamente que no digan eso a nadie y agrega: ”El Hijo del hombre debe sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día.” Nótese que es el mismo tema del Evangelio de ayer: La opinión pública sobre Jesús. Ayer, es Herodes quien interroga al respecto, y hoy es el mismo Jesús quien pregunta y son los discípulos quienes responden pero dan el mismo veredicto dado a Herodes, pues el sentir del pueblo judío era la esperanza en la venida del profeta prometido a Moisés pero no creían que ese fuese Jesús, sólo los discípulos, por gracia de Dios, son capaces de reconocer en Jesús, el cumplimiento de las promesas de Dios. Por ello, Jesús les prohíbe a los discípulos decirlo a otros, porque el pueblo judío esperaba un Mesías guerrero y poderoso, nadie esperaba al Mesías siervo doliente, humilde y sumiso a la Voluntad de Dios, anunciado por el profeta Isaías. Esto último, es la razón por la cual, luego realiza el primer anuncio sobre su Pasión, Muerte y Resurrección, pues con el Misterio Pascual, Dios restaura en el ser humano los dones naturales dados desde la Creación, a los cuales suma los preternaturales, y lo hace hijo suyo y heredero del Reino de Dios. Así las cosas, existe una estrecha relación entre el Misterio Pascual de la Redención y el de la Divina Misericordia, pues es unido a aquel como fluyen los torrentes de compasión, ternura y amor de Dios hacia la humanidad. En otras palabras, el discípulo de Cristo debe pasar por el camino del sufrimiento, al igual que su Maestro, quien por amor a la humanidad, aceptó sufrir y afrontar la dolorosa Pasión y Muerte, para que fluyera la Misericordia de Dios. Luego, quien quiere amar a su hermano, aceptara sufrir. Ese es el camino estrecho comprobado por tantos hombres y mujeres, aquel que trae el verdadero triunfo y la real satisfacción. Es un camino muy bello y al mismo tiempo estrecho: El de dar la propia vida. Conlleva verdadero dolor. Porque “si no hubiese sufrimiento, no habría tampoco amor» diría en su tiempo el Cardenal Joseph Ratzinger. Jesús dejó en claro que el misterio del ser humano es que quien quiera amar, aceptará sufrir, pues lo uno conlleva a lo otro. Como diría san Pío de Pietrelcina: “El sufrimiento de los males físicos y morales es la ofrenda más digna que puedes hacer a aquel que nos ha salvado sufriendo.” ¡Jesús, en Ti confío!